INDICE

PROLOGO.. 4

LA PERSPECTIVA DE GENERO 7

1. Antecedentes. 7

1.1. Antropología. 7

1.2. Medicina. 9

1.3. Lenguaje. 9

1.4. Cultura. 9

2. Género e ideología feminista: 10

2.1. Negación de la antropología. 11

2.2. Reduccionismo cultural y del lenguaje. 11

2.3. Manipulación de la biología. 12

2.4. “Sexismo” y “homofobia”: 13

2.5. “Identidad sexual”. 14

2.6. Síntesis final: 14

3. El “género” en la educación argentina. El PRIOM. 15

3.1. Alcances. 15

3.2. Hacia la coeducación:. 16

3.3. Los contenidos transversales. 17

LOS DERECHOS HUMANOS SEGUN LA IDEOLOGIA.. 18

FEMINISTA RADICALIZADA.. 18

PRIMERA PARTE: Arquitectura de los derechos humanos fundamentales . 18

a. Concepto de derechos humanos: 18

b. El fundamento de los derechos humanos. 19

c. El primer y principal derecho humano: 21

d. Jerarquía de los derechos humanos. 21

e. Conclusiones. 30

SEGUNDA PARTE: Ideología feminista y derechos humanos. 32

a. La ideología del género: pseudo-antropología feminista. 32

b. Los derechos humanos en clave de género.. 36

c. Reinterpretación del derecho a la libertad religiosa. 43

d. La ONU como plataforma para imponer la visión feminista de los derechos humanos. 48

e. El papel de las ong locales. 52

f. El Programa de Promoción de la Igualdad de Oportunidades para la Mujer (PRIOM) y la reforma educativa: 55

g. La Asociación de Mujeres Jueces de Argentina. 60

h. Conclusiones. 61

HACIA UN FEMINISMO FEMENINO 63

1. Problemas de la mujer contemporánea. 63

1.2. El divorcio. 64

1.3. El aborto. 66

2. La reacción feminista radicalizada. 67

3. El feminismo femenino. 68

3.1. Pérdida de la interioridad. 69

3.2. El misterio femenino. 69

3.3. Recuperar la femineidad. 71

 

PROLOGO

 

                La mal llamada “teoría” -perspectiva, enfoque, etc.- de “género” es, en realidad, una ideología, como quedará al desnudo en este libro. Es la ideología más perversa de finales del segundo milenio. Como toda ideología, no busca la verdad ni el bien de los demás, sino simplemente la conquista de sus voluntades, para utilizarlas con un fin político propio y espúreo. Por tanto, la ideología de género es necesariamente ambigua. Utiliza el engaño como un medio imprescindible para alcanzar su finalidad. La razón es obvia: quien pretende utilizar a los demás en su propio provecho, no puede decirlo abiertamente. El ideólogo utiliza el engaño como una herramienta diaria de trabajo, de modo semejante al carpintero que usa el torno, clavos y serrucho en forma permanente.

 

                La ideología de género es una de las formas actuales del gnosticismo; es atea y antitea; reconoce a Dios y pretende combatirlo. Niega por principio, la naturaleza de las cosas y de las personas; porque reconocer la naturaleza lleva -necesariamente- a referirse Su Autor y a las leyes que El ha impuesto a ésta. La necesidad argumental de negar la naturaleza lleva a los ideólogos del género a caer en flagrantes contradicciones y, además, a negar aspectos evidentes de la realidad. Y este es el rasgo más perverso del género.

 

                Esta ideología, por sus propias limitaciones intelectuales, no podría aspirar a salir fuera de pequeños círculos esotéricos, compuestos por resentidos sociales, si no fuera por la utilización de una táctica de “lavado de cerebro”, al estilo sectario, pero con dimensiones globales. Esta táctica se aplica en un movimiento de pinzas, utilizando para ello los mal llamados “medios de comunicación social” [1], y el sistema educativo formal. La estrategia tiene tres etapas: a) La primera consiste en utilizar una palabra del lenguaje común, cambiándole el contenido en forma subrepticia; b) luego, se va “bombardeando” a la opinión pública, a través de los medios de masas y la escuela -esto último por la mayor receptividad de los niños-, utilizando la vieja palabra pero acercándose progresivamente al nuevo significado de la misma; y c) finalmente la gente acepta el término antiguo con el nuevo contenido. El prototipo de esta táctica es la palabra género. Veamos:

 

                En el lenguaje se define el género masculino o femenino de las palabras, de manera arbitraria -es decir, sin que tenga relación alguna con la sexualidad, por ejemplo: la mesa es de género femenino y el vaso es de género masculino, sin que en ninguno de ambos casos haya connotación sexual alguna-. Extrapolando ésto a los seres humanos, se pretende sostener que hay un sexo biológico que nos es dado y, por ende, resulta definitivo; pero -a la vez-, toda persona puede construir libremente su sexo psicológico o “género”. Al comienzo se usan los términos sexo y género de modo intercambiable, como si fueran sinónimos y luego, cuando la gente se acostumbró a utilizar la palabra género, se le va añadiendo imperceptiblemente el nuevo significado de “sexo construído socialmente”, por contraposición al sexo biológico. El proceso final es el común de los mortales hablando de género, como una autoconstrucción libre de la propia sexualidad. Y el cerebro ya quedó lavado...

 

                Esa libertad para “construir” el propio “género”, se interpreta como autonomía absoluta, en dos sentidos simultáneos: 1º) cada uno interpreta como quiere qué es ser varón y qué es ser mujer; interpretación que, además, podrá variar cuantas veces el sujeto lo estime conveniente; y 2º) cada persona puede elegir hoy y ahora, si quiere ser varón o mujer -con el contenido subjetivo que ella misma haya dado a esos términos-, y cambiar de decisión cuantas veces le plazca. A esa elección absolutamente autónoma, la denominan “opción sexual”.

 

                Ahora bien, en la “construcción del género” interviene tambien la percepción que el resto de la sociedad tiene, sobre lo que es ser varón o ser mujer. Y esto crea una doble interacción: por un lado cada persona con su concepción del género influye en la sociedad y, por el otro, la sociedad toda influye en lo que cada persona percibe como el contenido del género; y por esto se afirma que el género sería el “sexo socialmente construído”.

 

                Otro aspecto que importa subrayar es que si el género se construye autónomamente, no tienen sentido -es más, serían ideas perniciosas-, las concepciones de la complementariedad de los sexos y, por ende, la norma de la heterosexualidad en las relaciones humanas. El matrimonio sería una opción para quienes la quieran, pero es una opción más, de igual valor que la cohabitación sin compromisos, las relaciones ocasionales, la prostitución, la homosexualidad, la pederastía, el bestialismo, etc. Cada uno elige autónomamente lo que quiere y le gusta, y no sólo nadie debe impedírselo, sino que el Estado debe facilitarle los medios a cada persona, para satisfacer sus instintos sexuales a su gusto, sin correr el riesgo de un “embarazo no deseado” o de contraer una enfermedad sexualmente transmitida. El único límite es la violación de la libertad sexual de un tercero. Estos son los “derechos sexuales y reproductivos”, reivindicados por el feminismo fundamentalista.

 

                La “desigualdad de género” sería la que ocurre cuando los varones están a cargo de la vida pública, el poder y el trabajo; y las mujeres de la vida privada y la procreación; ésta impide a las mujeres participar en la vida pública y, por ende, tener poder. Esto explica que la maternidad es vista como un mal por el feminismo radical, y por eso reivindica el “derecho” al aborto. El “empoderamiento” de la mujer tiende a superar la “desigualdad de género”, haciéndola participar del poder y la vida pública. Por contraposición la “igualdad de género”, implica que mujeres y varones somos iguales, pero en sentido de idénticos, y no en el tener igual dignidad y derechos. Esto es una consecuencia del presupuesto antropológico, según el cual todo ser humano podría -con autonomía absoluta-, elegir su propio género, ya que esto vale tanto para varones como para mujeres. Por ello, la diferencia biológica sexual es percibida casi como una provocación a la confrontación -mujeres boxeadoras o futbolistas-, y no como un llamado a la complementariedad.

 

                Otros derivados de esta ideología son el “sexismo” y la “homofobia”. El “sexismo” sería poner cualquier límite a la conducta sexual -por ejemplo, penalizar la prostitución, la pornografía, la esterilización voluntaria, la homosexualidad, etc., serían leyes “sexistas”-. Si cada uno construye su género autónomamente y no hay leyes de la naturaleza, es tan válido ser heterosexual que homosexual, bisexual, transexual, travestido, transgénero y todas las perversiones inventadas o a inventarse. La “homofobia” sería considerar que las relaciones naturales entre los seres humanos son las heterosexuales; eso es tener fobia a la igualdad -entendida como identidad- entre los géneros... En definitiva, se trata de imponer una nueva antropología, que es el origen de una nueva cosmología, y promueve un cambio total en las pautas morales de la sociedad [2].

 

                Este libro no pretende agotar la cuestión de la ideología de género, pero sí sintetizar sus pautas fundamentales, y relacionarla directamente con el cambio moral, político y social pretendido por sus mentores. El trabajo se divide en tres capítulos: el primero, “La perspectiva de género”, nos descubre sus bases antropológicas, con la correspondiente crítica de las mismas. La segunda parte -“Los derechos humanos según la ideología feminista radicalizada”-, muestra el actual intento de relectura de la teoría de los derechos humanos, en función de la ideología del género. Finalmente, se propone su positiva y real superación, con la contrapropuesta, titulada “Hacia un feminismo femenino”.

 

                                                            El Autor



[1] En realidad son medios de propaganda (de ideas) y de publicidad (de mercancías). El teléfono es, propiamente, un medio de comunicación, porque intercomunica a dos personas; los periódicos, la radio y la televisión, son unidireccionales, de modo que no hay propiamente comunicación alguna entre seres humanos, sino sólo propagación de ideas (propaganda) o publicidad de productos y servicios. El principal éxito de los medios es hacernos creer que son medios de “comunicación”....

[2] La ideología de género, por ser falsa y antinatural, a la postre no convence, y sólo puede imponerse en forma totalitaria. Como ejemplo cito el Decreto 283/01, del 15.3.01, del Ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba (República Argentina), que crea el “Programa de Salud Sexual, Reproductiva y Educación”, cuyo objetivo es que toda la población de Córdoba acceda a los servicios de “salud sexual y reproductiva” desde una “perspectiva de género”; los destinatarios son el 100% de la población y serán efectores del Programa “todos los agentes de salud y educación” tanto estatales como municipales y del sector privado. Hitler y Stalin no se hubieran atrevido a tanto...